El Parlamento Europeo prevé aprobar definitivamente en julio el nuevo reglamento sobre los derechos de los pasajeros, una normativa que entrará en vigor un año después y que reconoce expresamente la posibilidad de que las aerolíneas cobren por transportar maletas de mano. La medida, una de las más controvertidas de los últimos años en el sector aéreo, ha sido recibida de forma dispar: mientras las compañías valoran positivamente el respaldo normativo, asociaciones de consumidores como Facua y la OCU consideran que supone la legitimación de un recargo que llevan años cuestionando.
El texto, ratificado el 15 de junio por el Comité de Conciliación tras el acuerdo alcanzado entre el Consejo de la UE y la Eurocámara, establece que las aerolíneas podrán seguir cobrando por este servicio. Sin embargo, para mejorar la transparencia, la tarifa básica deberá reflejar inicialmente el coste del equipaje de mano. En caso de que el pasajero viaje sin maleta, ese importe podrá descontarse posteriormente. Diversos expertos advierten de que esta fórmula podría traducirse en un incremento generalizado de los precios base de los billetes.
Las compañías aéreas, aunque satisfechas con el reconocimiento de este derecho de cobro, discrepan con la obligación de integrar inicialmente ese coste en la tarifa estándar. La Asociación de Líneas Aéreas (ALA) sostiene que la maleta de mano constituye un servicio opcional y, por tanto, no debería formar parte del precio inicial del billete.
La normativa mantiene la gratuidad para los objetos personales de pequeño tamaño, como bolsos, mochilas reducidas o portátiles, siempre que puedan colocarse debajo del asiento delantero.
Facua ha reaccionado con dureza a la decisión europea, calificándola de concesión a los intereses de las aerolíneas. La organización defiende que el transporte de una maleta de mano de dimensiones razonables forma parte de los derechos inherentes a la compra de un billete y considera injustificable su cobro adicional.
El origen del recargo
La práctica de cobrar por las maletas de cabina comenzó en 2018, cuando Ryanair introdujo este suplemento. Posteriormente, otras compañías de bajo coste, como Wizz Air y EasyJet, adoptaron medidas similares.
Las aerolíneas justificaron entonces esta política argumentando que el espacio disponible en los compartimentos superiores es insuficiente para que todos los pasajeros embarquen con una maleta tipo trolley. Según su versión, ello provocaba retrasos al tener que trasladar equipajes a la bodega en el último momento. Además, defendían que el nuevo modelo tarifario permitía ofrecer precios más bajos a quienes viajan sin equipaje.
Por su parte, la OCU estima que este cargo supone un coste adicional medio de unos 56 euros por viaje y critica que la nueva regulación europea consolide esta práctica.
Facua, además, mantiene activa su plataforma para reclamar contra lo que considera cobros irregulares de las aerolíneas. Aunque nació para denunciar los suplementos por equipaje de mano, también recoge reclamaciones relacionadas con la impresión de tarjetas de embarque en el aeropuerto o la asignación de asientos junto a menores y personas dependientes.
Las sanciones en España y la posición de Bruselas
Uno de los hitos más relevantes en esta disputa fue la sanción impuesta por el Ministerio de Consumo español a finales de 2024, que ascendió a cerca de 179 millones de euros y afectó a Ryanair, Vueling, EasyJet, Norwegian y Volotea por diversas prácticas consideradas abusivas, entre ellas el cobro por el equipaje de mano. No obstante, dichas multas se encuentran suspendidas cautelarmente por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid.
Paralelamente, la Comisión Europea abrió un procedimiento contra España al considerar que impedir a las aerolíneas aplicar suplementos por determinados equipajes de mano podría contravenir la normativa comunitaria. Esta circunstancia explica que España votara en contra del nuevo reglamento aprobado esta semana.
Según datos de ALA, aproximadamente el 40% de los pasajeros que vuelan con las compañías afectadas por las sanciones no transportan maletas de cabina tipo trolley, argumento que el sector utiliza para defender un modelo de pago por uso.
Facua subraya, en cualquier caso, que la nueva normativa europea no tendrá efectos retroactivos y, por tanto, no afecta a las sanciones ya impuestas ni a los procedimientos abiertos con anterioridad.
Hacia una mayor homogeneización del equipaje
Más allá del debate sobre el cobro, uno de los principales problemas sigue siendo la falta de uniformidad en las normas sobre equipaje. Un estudio reciente de AirHelp señala que los pasajeros continúan enfrentándose a criterios distintos según la aerolínea, tanto en dimensiones permitidas como en número de bultos, peso máximo o tarifas aplicables.
Las diferencias entre compañías como Ryanair, Vueling o EasyJet generan confusión incluso entre los viajeros más habituales. Por ello, desde ALA reclaman una regulación común en toda Europa que unifique las medidas y condiciones del equipaje de mano, con el objetivo de ofrecer mayor claridad y seguridad jurídica tanto a pasajeros como a aerolíneas.