Uno de los casos más llamativos es el trayecto Madrid–Nueva York, cuyo coste pasó de unos 473 euros a comienzos de marzo a superar los 800 euros a finales de mayo, llegando incluso a rozar los 950 euros durante abril.
De acuerdo con un estudio elaborado por Roams para Vozpópuli, esta tendencia alcista también se refleja en otros destinos internacionales. Por ejemplo, los vuelos entre Valladolid y Londres registran un encarecimiento superior a los 60 euros respecto a marzo, mientras que viajar a París supone un aumento de más de 30 euros.
El combustible sigue siendo uno de los factores que más presión ejerce sobre el sector aéreo. Aunque el precio del queroseno ha descendido ligeramente desde los máximos alcanzados durante la escalada del conflicto, todavía ronda los 160 dólares por barril, muy por encima de los niveles habituales. Hace solo unas semanas llegó a situarse por encima de los 180 dólares, impactando especialmente en las rutas de larga distancia.
Según Gonzalo Blanco, especialista en consumo de Roams, las conexiones internacionales son especialmente sensibles a cualquier variación en los costes operativos o en las previsiones de demanda. En este sentido, explica que el combustible continúa teniendo un peso determinante en los vuelos de largo radio, lo que lleva a las aerolíneas a modificar precios con rapidez. Además, la elevada ocupación prevista para julio y agosto favorece que las compañías mantengan tarifas elevadas.
No obstante, no todas las rutas han seguido la misma evolución. Algunas conexiones han experimentado descensos destacados en las últimas semanas. El vuelo entre Madrid y Gran Canaria, por ejemplo, cuesta hasta 239 euros menos que en marzo, mientras que las rutas Sevilla–Dublín y Málaga–Londres presentan reducciones superiores a 120 y casi 100 euros, respectivamente. Estas variaciones responden a los sistemas de precios dinámicos que aplican las aerolíneas según la demanda y el comportamiento de las reservas.
Desde Roams advierten, sin embargo, de que la reciente moderación del precio del combustible no implica una reducción real de costes para el viajero. Aunque el queroseno haya bajado parcialmente, sigue lejos de niveles bajos, por lo que prevén que las aerolíneas mantengan precios elevados durante buena parte del verano, especialmente en rutas internacionales y destinos turísticos con alta demanda.