Aunque no suele aparecer en los grandes titulares, los incendios provocados por baterías en vuelos son más comunes de lo que parece, obligando a menudo a los aviones a aterrizar de emergencia. Estos incidentes pasan desapercibidos hasta que algo grave ocurre, algo que, según los expertos, podría estar cada vez más cerca. Un caso reciente fue por ejemplo el de un avión de Air Busan en Corea, que quedó completamente destruido por un incendio sin que afortunadamente hubiera víctimas.
El último episodio destacado, según registros de la FAA estadounidense y la EASA europea, involucró a un vuelo de American Airlines entre Filadelfia y Phoenix, con 160 pasajeros a bordo, que tuvo que desviarse y aterrizar de urgencia en Washington D.C. Poco antes, un avión de KLM rumbo a São Paulo se llenó de humo en la cabina, y anteriormente un vuelo de Virgin Australia enfrentó una situación similar.
Solo en Estados Unidos, se han reportado 46 casos de este tipo en lo que va de 2025, sumando un total de 644 desde 2006. En Asia, varias aerolíneas ya han tomado cartas en el asunto, y en EE. UU., Southwest se ha sumado a la iniciativa. Los sindicatos de tripulantes de cabina insisten en que es urgente actuar.
De los incidentes registrados, un 4% está ligado a cargadores, un 15% a teléfonos móviles, un 21% a cigarrillos electrónicos (permitidos para llevar, pero no para usar) y un 12% a ordenadores.